¡Trabajadores, no vayamos a las urnas! (La Federación. 26 de noviembre de 1871)




¿Qué es el sufragio universal? Vedlo como queráis, el sufragio no es más que una de esas instituciones que manan del constitucionalismo; una pantalla de derecho que, no teniendo por base la independencia del elector, o no estando esta garantizada por ninguna fuerza económica, se vuelve contra los mismos electores que en las urnas pretenden encontrar remedio a sus males.


¡Desgraciados! No saben que el sufragio universal es un medio bastardo con que la burguesía detiene las revoluciones; no saben que es un medio inicuo para aglomerar fuerzas más bastardas todavía, con las cuales detener el impetuoso torrente de la revolución social; no saben que es un narcótico para mecer la justa aspiración de un bienestar mayor, de una civilización más en armonía con nuestra dignidad y servicios que le prestamos, y que queremos todos los que de hambre sufrimos.


¡Trabajadores: no vayamos a las urnas!


Cuando contemplamos el espectáculo que acaba de ofrecernos el Parlamento, arrojándonos imprudentemente fuera de la ley; cuando vemos a los diputados nacidos del sufragio universal convertidos en empleados, y faltar descaradamente a sus promesas, y votar quintas habiendo prometido abolirlas, y restablecer impuestos que el pueblo derribó, y fomentar ejércitos, y proteger a la clerecía, y sancionar leyes do quieren los capitalistas, a ninguno de nosotros puede ser lícito preguntar por qué el retraimiento debe ser la elocuente protesta de cuanto trama y máquina la burguesía por medio del sufragio universal.


¿Quién bebía de decirnos que este derecho, eficasísimo cuando todos seamos trabajadores, había de dar por resultado el monstruoso encadenamiento cada día mayor de nuestros derechos naturales? Ninguno de nosotros. Solo ahora, que conocemos el juego del parlamentarismo, nos es dado conocer lo ineficaces que son todos los derechos que emanan de las instituciones que tratamos de destruir para conquistar la libertad que perdimos desde el momento que nació el primer esclavo; de esa libertad, precioso fin del hombre, y que no puede ser un medio porque no existe, para derrocar la tiranía gubernamental burguesa.


¡Trabajadores: no vayamos a las urnas, porque de ellas no saldrá nunca la justicia, que hay que conquistar por otros medios, por los cuales lo hacemos, para llegar a la libertad que anhelamos! 


¿Creéis que se nos concedería el sufragio si por él habían de correr el menor peligro los intereses burgueses?


No, trabajadores; y la prueba está en que nos han arrebatado el derecho de asociación, porque es el único que puede infundirles algún respeto, porque es el único por el cual corren riesgos de zozobrar sus privilegios. ¡No vayamos a las urnas, trabajadores!


Si alguno de esos republicanos, que de cuando en cuando, para impresionarnos, ponen en su boca la frase emancipación del cuarto estado, nos objetará que por este medio se entronizan las tiranías, contestémosle que miente, que las tiranías son consecuencia de nuestro desheredamiento, que tanto ellos como éstos desean se perpetúe.


No revivamos, ni siquiera votando en contra, sistemas que están en la agonía, no mezclemos el pasado con el porvenir: dejemos a la burguesía que sea ella sola la única responsable de sus actos, para tener el derecho de juzgarla, según el relato que de ella y sus actos nos haga la historia. Seamos inflexibles, seamos severos, dejemos esa política vacilante de dos caras, que no se atreve a romper completamente con la burguesía ni con los trabajadores; olvidemos a esos nuevos Janos de la política que se lucran con ella: la revolución está con los trabajadores, luego son enemigos de la revolución los que no están con nosotros.


Hemos dicho que la tiranía era una consecuencia de nuestro desheredamiento. Nuestros mutuos esfuerzos deben pues tender a derrocarla fuera de la farsa política que nos envuelve, si queremos que sean eficaces.


¡Trabajadores: no vayamos a las urnas! ¡Asociémonos a pesar de los gobiernos!


Manifiesto incluido en el periódico «la Federación», órgano de la Asociación Internacional del Trabajo (AIT) en la Región española, del 26 de noviembre de 1871.