El origen de la "Ley de Fugas"

 
 
Para establecer el origen del "pistolerismo del capital" que hizo posible la ley de fugas hay que remontarse a la época de la primera guerra mundial, la industria catalana abastecía a los ejércitos aliados, lo que no quita que los comerciantes hicieran lo posible para especular con ambos beligerantes, por la cuenta que le tenía, el mando alemán montó con rapidez sus servicios de espionaje en los centros industriales y puertos. En Barcelona funcionaba sin mucha discreción uno de esos equipos encargados de informar a los submarinos en alta mar del tráfico portuario y del destino de las mercaderías, al frente de este servicio figuraba un llamado Barón de Koenig. Uno de los subordinados del falso barón era Bravo Portillo, inspector de policía de plantilla, el resto del equipo lo formaban elementos del bajo fondo barcelonés, armados de pistola, que tenían como misión atemorizar a los industriales y otros especuladores que abastecían a los aliados.
 

Si la amonestación no surtía efecto, la banda no reparaba en la amenaza y en el crimen. Para mejor maquillar sus actividades se procuraba intercalar entre las víctimas a patronos y obreros, de este modo se hacía creer en una lucha social al extremo límite y por otra parte se encrespaban los antagonismos de clase. En el bando patronal una de las víctimas más significativas fue el ingeniero Barret, gerente de una importante factoría de obuses, asesinado por la banda del Barón de Koenig.

 
En 1918, Solidaridad Obrera, que era diario de la C. N. T., desenmascaró con pruebas irrefutables al espía Bravo Portillo, por lo que fue destituido y encarcelado, después puesto en libertad y readmitido en el cuerpo, pero su gran resquemor hizo que jurase odio eterno a la C. N. T. y a sus principales militantes, empezó desde entonces a poner en movimiento a sus bandas de pistoleros contra la organización obrera. Cuando la guerra hubo terminado, toda esta resaca humana quedó sin empleo, pero un encopetado industrial barcelonés (Miró y Trepat), con la venia del capitán general de la guarnición (Miláns del Bosch) ofreció sus servicios a la Federación Patronal. El resultado no tardó en manifestarse, una de las primeras víctimas en la trágica cronología que iba a inaugurarse fue el militante de la sección de Tintoreros, Pablo Sabater, asesinado en julio de 1919. La respuesta ha este asesinato no tardó en llegar, dos meses después caía justamente taladrado a balazos Bravo Portillo.

El 5 de septiembre de 1919 en Barcelona (Cataluña) fue ajusticiado Bravo Portillo por un pelotón anarcosindicalista el excomisario de policía, organizador de los atentados contra los sindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), figura clave de la lucha del Estado contra el anarquismo.

En el plan táctico, frente a la huelga, la Federación Patronal empleó el locaut (lock out): http://es.wikipedia.org/wiki/Cierre_patronal#Espa.C3.B1a.
 
 
A primeros de noviembre los obreros de las distintas fábricas fueron arrojados a la calle. Era la réplica patronal a la huelga de La Canadiense, el 5 de febrero de 1919 se inició una huelga en Barcelona que se prolongó por 44 días convirtiéndose en huelga general paralizando el 70% de la industria catalana y que ha pasado a la historia con el nombre de huelga de La Canadiense. El locaut se prolongaría hasta enero de 1920, saldándose con una dolorosa derrota para la clase obrera. En diciembre la C. N. T. tenía previsto su congreso nacional mientras casi simultáneamente la burguesía catalana organizaba los funestos Sindicatos Libres, compuestos de mercenarios del hampa reclutados por la burguesía y las autoridades militares. Estos individuos iban provistos de armas de fuego y respaldados por la impunidad mas completa, no tardaron en hacer hablar de sus fechorías, incluso en apartadas provincias, pero especialmente en Cataluña, Levante y Aragón. Los mecenas, además de la Federación Patronal, eran La España Industrial, el Fomento del Trabajo Nacional, La Hispano-Suiza, Miró y Trepat y el Sindicato de Banca y Bolsa.
 
Según Farré Morego (Los atentados sociales en España) desde 1917 a 1922 se cometieron 1.472 atentados, Miguel Sastre (La esclavitud moderna), los eleva a 1.012, de los que fueron víctimas 753 obreros, 112 policías, 95 patronos y 52 capataces. Ramón Rucabado (En torno al sindicalismo) señala 1.207, y, finalmente, según una fuente oficial (José Pemartín: Los valores históricos de la dictadura española), de 1918 a 1923 se produjeron en Barcelona 843 atentados y 1.259 en toda España. La fuente confederal más importante es un folleto editado por el Comité Pro Presos de Barcelona en 1923, en el que figuran los principales procesos, sevicias, asesinatos, etc, del período 1920-1923. Estos hechos se refieren principalmente a Barcelona. La relación de confederales muertos es de 104 y 39 heridos. Repárese en un detalle, según cálculos militares muy probados, en toda batalla los heridos exceden o, mejor, doblan a los muertos, en ésta, como puede verse (del lado confederal, bien entendido), ocurrió todo lo contrario, este detalle es más elocuente de lo que parece a simple vista.
 
Martínez Anido
En 1919 la Patronal tenía un fuerte puntal en el capitán general de Cataluña, y en el gobernador militar, este último, Martínez Anido, era el verdadero gobernador civil. Fracasaron los gobernadores Montañés, Amado y Bas a causa de la descarada confabulación plutócrata-militar. Al tomar posesión el conde de Salvatierra hizo clausurar los sindicatos y detener a centenares de militantes y propuso también al gobierno la disolución de la C. N. T. A poco de dejar el cargo este belicoso gobernante fue atentado mortalmente, pero el verdadero gobernador continuaba siéndolo Martínez Anido. Bajo su inspiración se constituyeron, el 10 de octubre de 1919, los famosos Sindicatos Libres. El 10 de agosto del mismo 1920 un decreto del gobierno declaraba suprimido el jurado en las causas por delito de sangre, los tribunales de derecho solían ser más inflexibles con los encausados confederales, Salvador Seguí había sido atentado en Barcelona a primeros de año, inmediatamente fue agredido a tiros el presidente de la Federación Patronal, señor Graupera, héroe del locaut y de la represión.

Ya hemos manifestado que el general Martínez Anido, gobernador militar de Barcelona, era de hecho el gobernador civil, contando con el respaldo del capitán general Milán del Bosch, ambos al servicio de la burguesía industrial. En noviembre de 1920, el gobernador de turno, Carlos Bas, no sólo se resistía a ser manejado tras cortina, sino que tuvo el rasgo de advertir a los líderes sindicalistas lo que se tramaba contra ellos. El 20 de dicho mes la Patronal impuso descaradamente al hombre que se jactaba de poder dar término a la agitación social en plazo breve. Un funcionario del gobierno civil, Francisco Madrid, dio cuenta en un libro de la siguiente entrevista:

Martínez Anido se presentó un día en el despacho del gobernador y dijo a Carlos Bas:

-Señor gobernador, siguen los atentados. Los métodos pacíficos no dan resultado. La paz renacerá si manda fusilar sin formación de causa a unos cuantos cabezas visibles.

El general hizo, mención de los líderes sindicalistas Seguí, Pestaña y otros y de los republicanos Luis Companys y Francisco Layret, que eran abogados de la C. N. T.

El gobernador replicó con energía:

-Mi general, yo soy gobernador pero no asesino.

-Pues abandone el puesto que yo lo haré, mañana ocuparé su cargo, le contestó tajántemente el general.

Minutos después el ministro de la Gobernación, a quien había referido esta entrevista, le conminaba a presentar la dimisión.

Martínez Anido iba a inaugurar su fatídico virreinato. El mismo 20 de noviembre fueron detenidos 64 sindicalistas, los cuales, a bordo de un barco de guerra, fueron deportados a la isla de Menorca y encerrados en el castillo de la Mola. Hubo un conato de huelga general a la que respondió el poncio con el cierre de los sindicatos. Días después fue asesinado el abogado Francisco Layret a la puerta de su domicilio, cuando trataba de gestionar el rescate de los detenidos. La C. N. T. tenia establecido un pacto con la U. G. T. Quiso arrastrar a ésta a la huelga general, y ante su resistencia el pacto resultó quebrantado, Martínez Anido y su colega de la jefatura de policía, Miguel Arlegui (también general), tenían expedita la ruta, centenares de cenetistas fueron deportados a otras provincias en cuerda de presos por las carreteras.
 
 
El terror policíaco inauguraba al mismo tiempo un procedimiento de exterminio muy expeditivo: la llamada "Ley de fugas". A horas intempestivas de la noche se invitaba a salir a los presos de las cárceles o de los centros policíacos, diciéndoles que quedaban en libertad, camino de sus domicilios, los infortunados eran acribillados a tiros de pistola desde cualquier esquina siniestra, era la obra de los pistoleros del Sindicato Libre. El 7 de febrero de 1921 el gobierno respondía con evasivas a una interpelación del diputado socialista Besteiro, que se atrevió a denunciar en el Parlamento la "Ley de fugas". El ocho de marzo, tres hombres de la C. N. T., Luis Nicolau, Pedro Mateu y Ramón Casanellas mataban en pleno Madrid a Eduardo Dato, presidente del consejo de ministros, interpelados los detenidos (Casanellas consiguió refugiarse en Rusia), declararon que personalmente no abrigaban ninguna clase de resquemor hacia el señor Dato, pero si contra el jefe del gobierno, responsable de las atrocidades de su subalterno Martínez Anido, infame creador de la terrible "Ley de fugas" y bajo cuya "autoridad" fueron asesinados cientos de miles de españoles honrados durante y después de la Guerra Civil.
 
Severiano Martínez Anido

(El Ferrol, 1862 - Valladolid, 1938) Militar español. Estudió en la Academia de Infantería de Toledo, siendo promovido a alférez en 1884. Participó en las campañas de Filipinas y de África, ascendiendo a capitán y comandante por méritos de guerra. En 1909 ascendió a teniente coronel, volviendo a Marruecos al mando del batallón de Cazadores de Cataluña. En 1911 fue nombrado ayudante honorario de Alfonso XIII y, un año después, director de la Academia de Infantería.

Como gobernador civil de Barcelona (1919-1922), Martínez Anido reprimió con extrema dureza los movimientos anarcosindicalistas, aplicando la denominada "ley de fugas" y logrando sofocar la huelga general de 1919. Durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1929) fue director general de Seguridad y ministro de Gobernación.

Con el advenimiento de la II República (1931), hubo de exiliarse a Francia, en virtud de la “Ley de Retiro” promulgada por el gobierno republicano. Expulsado del ejército sin ningún derecho, con el triunfo de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) recuperó la percepción de sus derechos pasivos.

Al estallar la Guerra Civil Española (1936-1939), regresó a España para prestar sus servicios en el bando sublevado, y fue designado presidente del Patronato Nacional Antituberculoso. En octubre de 1937 fue nombrado jefe de los Servicios de Seguridad Interior, Orden Público y Fronteras, dependientes de la jefatura del Estado. Fue ministro de Orden Público en el primer gobierno del general Francisco Franco, constituido el 1 de febrero de 1938. Martínez Anido desempeñó este cargo hasta su fallecimiento en diciembre del mismo año, sin llegar a ver concluida la Guerra Civil.

 
Aquí se encuentran los restos del cabrón, en Valladolid, excelente sitio para echar un buena cagada, procuraré recordarlo cuando pase por Valladolid
 


Fuente: "Los anarquistas en la crisis política" de José Peirats.

http://www.kclibertaria.comyr.com/lpdf/l082.pdf
 

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