Sauditas: ¿para qué reconquistar Al-Andalus si se puede comprar?



Palacio de la casa real saudita en Marbella


El verano de 2003 estuve trabajando en Marbella alquilando hamacas de un restaurante a pie de playa, tratando diariamente con chusma adinerada y otros muchos que pretenden serlo. Al restaurante en cuestión solían venir saudíes pertenecientes al séquito del rey Fahd, ya fallecido. Un día vino uno de los 60 hijos (reconocidos) que tenía el rey Fahd, según me contaron era teniente o algo así de las fuerzas armadas sauditas. Se notaba que era alguien "importante" en su país, sólo había que fijarse en los tres escoltas que lo acompañaban a él y a su esposa, con pintas de poder matarte con una sola hostia y sus armas bien visibles, cosa que acojonaba bastante a todas las personas que se encontraban en el restaurante, incluyéndome a mi, por supuesto.
 
Rey Fahd
La entrada de estos jeques del petróleo suele ser espectacular, por eso los camareros siempre se relamían cuando sabían que vendría alguien importante del séquito real. Lo primero que hacen es preguntar por el encargado de los camareros y soltarle 300€, así, de sopetón, para repartirlos entre todos los camareros como propina. Era la primera vez en mi vida que veía dar la propina antes de sentarse a la mesa, pero en realidad es de una lógica aplastante; los camareros, al recibir sólo con esta propina más de lo que les correspondía como sueldo, trataban a los sauditas como a su madre.
 
Interior del palacio real saudita en Marbella
 
Como podéis imaginar, Marbella está llena de gentuza adinerada y con una elevada opinión sobre sí mismos, por lo que se indignaban al ver como se atendía la mesa de los saudíes antes que ninguna otra, ya que éstos venían vestidos como cualquier occidental y la mayoría de los clientes desconocían quienes eran esas personas a las que se atendía con tanta solicitud, pero, acostumbrados a reivindicar sus supuestos derechos de superioridad usando la típica frase <<¿sabes quien soy yo?>>, por lo visto se callan cuando ese yo es "superior" a ellos, según sus podridas reglas morales. Bastaba con decir <<forman parte del séquito del rey Fahd, es uno de sus hijos>>, y esa contestación surtía el mismo efecto que el provocado por un guardia civil mandando a callar, se quedaban más achantados que los invitados a comer por Hannibal Lecter oigan.
 
Todos conocemos la fuerte represión a la que se ven sometidas las mujeres en Arabia Saudí, pues bien, la espectacular mujer del susodicho alto mando de las fuerzas armadas saudíes, se mostraba en bikini a todos los agradecidos ojos masculinos que contemplaban semejante monumento, cuando en su país natal la vista de un simple tobillo es poco menos que pecado mortal e irredimible. Yo flipaba en colores, pero no quedó ahí mi sorpresa, ni mucho menos. Tumbadita en su hamaca y bronceando su cuerpo solamente tapado por un minúsculo bikini (de leopardo para más detalles), llamó al camarero... para pedirle un botellín de Heineken bien fresquita, ¡qué viva la Pepa! Cualquier mujer que tuviese la osadía de pasearse en bikini bebiendo cerveza en Arabia Saudí, sería condenada a tres lapidaciones consecutivas como mínimo, sin embargo, esta gentuza que tiene a su pueblo sojuzgado bajo el miserable yugo de la religión, hace lo que le place sin tener que rendir cuentas a nadie.
 
Abdullah, sucesor de Fahd
Marbella entera espera todos los veranos la llegada de los saudíes cual Maná caído del cielo se tratase, trabajar para ellos puede significar ganar en 2 ó 3 meses lo suficiente como para vivir más o menos el resto del año. Son muy generosos con el dinero robado a su pueblo, aunque eso sí, exigen plena dedicación, cuando se trabaja para ellos se debe estar disponible para lo que sea a la hora que sea y en el sitio que sea necesario, sin excusa posible para no acudir a la llamada. Incluso los maderos aprovechan sus vacaciones de verano y las horas libres o sus días libres para hacer de escoltas al nutrido séquito que viene con el rey, que según me dijeron diferentes personas, podría acercarse fácilmente a las 2000 personas. Imagináos toda esa gente gastando constantemente, abarrotando las tiendas de las marcas más exclusivas, comiendo en los restaurantes más caros y viviendo en las mansiones más lujosas, el dinero que pueden dejar antes de regresar a su país es incalculable.
 
El capo de la familia real saudita en la actualidad, Salman bin Abdelaziz al Saud
 
Un ejemplo de como se las gastan estos arrogantes saudíes que solamente saben comprar simpatías en lugar de ganárselas, ya que su asquerosa sangre real repugna a cualquier persona honrada, lo tenemos en estas declaraciones de Manuel Cardeña, ex director del Casino de Marbella, allá por principios de los '80:
 
«Se abrían muchas latas de caviar iraní»
 
Manuel Cardeña fue uno de los directores del Casino de Marbella de la época de los «petrodólares». De entrada, deja claro que Bin Abdul Aziz nunca estuvo en el Casino marbellí tras ser coronado rey, aunque sí como príncipe.
 
Cardeña matiza: «A los príncipes árabes les gustaba jugar a la ruleta francesa y siempre en la zona privada. Cuando llegaban, firmaban un cheque en blanco que no se rellenaba hasta el final de la noche. La casa les iba dando ficha y cuando llegaba la hora de cerrar se hacían cuentas. Eso sí, no les gustaba que se cobrara el cheque justo al día siguiente, les parecía una falta de confianza en ellos».
 
Casino de Marbella
Si se gastaban dinero en el juego, también lo hacían en la restauración. «Nadie bebía alcohol cuando estaba el príncipe heredero delante, pero cuando venía algún jeque y su séquito solos sí solían pedir botellas de Vega Sicilia, que bebían en tazas de café, para que nadie supiese que era alcohol», asegura Cardeña.
 
El ex director del Casino añade: «Sí, recuerdo que a los príncipes le gustaba mucho pedir caviar iraní, pero siempre querían que se les abriese la lata -de unos 250 gramos- en su presencia, luego tomaban una cucharada y seguían el juego; cuando querían más caviar, pedían otra lata, nunca volvían a tomar de la misma». Los empleados del Casino añoran aquella época por las generosas propinas que dejaban. Los potentados árabes dejaron mil y una anécdotas. «Una vez el cantaor Beni de Cádiz -ya fallecido- se coló en la sala privada mientras estaban jugando varios príncipes. Uno de ellos había apostado un millón de pesetas a la decena, y el Beni, con toda la gracia del mundo, puso una ficha de quinientas pesetas encima de la del millón, el jeque lo miró sorprendido y el Beni le respondió con todo su arte: «No te vayas a equivocar, que la de arriba es la mía». Al jeque, cuando se lo tradujeron, le hizo mucha gracia y le regaló 50.000 pesetas».
 
José Alarcón, fue director director del hotel Incosol en los años '70 y '80, él tampoco olvida la pompa y el boato de la corte saudita:
 
«Nunca he visto tantos policías juntos»
 
José Alarcón vio muy de cerca durante tres meses al príncipe Fahd. El hotel Incosol fue su primera morada en Marbella. La primera visita del monarca saudí a Marbella fue en 1974. Pasó cinco días. La segunda fue mucho más espectacular. Alarcón la cuenta: «Reservaron tres plantas completas del hotel, es decir, más de cien habitaciones, incluida la suite real, que al entonces príncipe heredero le gustaba porque se veía el campo de golf y el mar». Abunda al respecto: «Fueron unos clientes modélicos y nada excéntricos, las princesas pidieron que se cambiaran las alfombras para que todas fuesen de color blanco».
 
Hotel Incosol en Marbella
En cuanto a la comida, entre el séquito se encontraban cocineros. Uno de ellos se encargaba de preparar cada día al heredero del trono saudí un pastel con leche de cabra, zanahorias y cardamomo verde, su postre preferido. En el menú se incluía mucho pescado y la carne de cordero la traían ellos desde su país de origen. Lo que sí recuerda Alarcón, que entonces era un trabajador más de la empresa, era el impresionante dispositivo de seguridad compuesto por guardias civiles, guardias reales españoles y miembros de seguridad de la Casa Real saudí. Cada movimiento suyo era custodiado por más de un centenar de personas. Los Reyes de España le enviaron -en su segunda visita- un Rolls Royce oficial. Cuando abandonó el hotel dejó una propina de 300.000 dólares para todo el personal. La parte proporcional era casi un sueldo. La relación entre el Palacio de Fahd en Marbella y el Incosol ha continuado hasta nuestros días.
 
La avidez mostrada por parte de los reyes saudíes a la hora de gastar el dinero robado a su pueblo, no conoce límites; Antonia Molina, joyera marbellí, nos cuenta su experiencia:
 
Vendió joyas en el palacio de Fahd
 
«Tuve un visado de entrada de por vida»
 
Antonia Molina, propietaria de la cadena de joyerías Gómez &amp; Molina de Marbella, entendió desde el principio que a las princesas del palacio real saudí de Marbella les gustaba mucho ir de compras, pero se sentían más cómodas en Palacio. Por eso hizo un peculiar petate compuesto por alhajas y relojes de alto valor y se fue a palacio. Allí entabló amistad con una de las princesas -hermana del rey Fahd- hasta tal extremo que le invitó a ir a Arabia Saudí.
 
El viaje fue toda una aventura: «Cuando llegué al aeropuerto me quisieron detener porque yo era una mujer sola que quería entrar en el país sin visado. Desde el mismo aeropuerto llamamos a Palacio y me autorizó un visado de entrada en el país de por vida», cuenta Molina, que, sin embargo, acota: «Claro que no me dieron el de salida, por lo que tuve problemas también cuando regresé a España tras pasar una etapa inolvidable». Cuando iban al Palacio de Marbella,a veces la tenían 24 horas enseñando joyas a la extensa nómina de princesas.
 
Besos de Judas
Michael Moore, en su documental Fahrenheit 9/11 nos cuenta que los saudíes son dueños del 9% de todos los dólares depositados en los bancos de USA, así que si algún día se les ocurre llevarse todo ese dinero que legalmente les pertenece, la economía estadounidense se iría al carajo en cuestión de horas. La familia Bin Laden está asociada a la familia Bush desde hace décadas, todas las estirpes más favorecidas de Arabia Saudí poseen acciones en las grandes multinazionales norteamericanas como Halliburton o Monsanto, donde se codean con los altos cargos de la administración pública en los consejos de empresas privadas. Estos criminales con chilaba subvencionaron a nuesto rey crápula cuando no tenía un duro, ya que su padre había dilapidado el tesoro real invirtiéndolo en putas y alcohol; fortuna por otra parte que no era tal, ya que también el padre de éste era muy aficionado a visitar lupanares y rendía culto a Baco diariamente, debe ser cosa genética esto de los Borbones. De esto último, de la relación entre las casas reales saudita y española, dedicaré próximamente una entrada, así como de la íntima relación existente entre la realeza saudita y las familias más ricas y poderosas de USA, y también los privilegios otorgados por la Junta de Andalucía a estos asesinos de su pueblo inspirados por Satán. Todos los reyes son criminales o hijos de criminales. Salud y libertad.
 
 
 Fuente de los testimonios:
 

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