Cioran. El ocaso del pensamiento [Pdf]

 

No puedes entender lo que significa «la meditación» si no estás habituado a escuchar el silencio. Su voz incita a la renuncia. Todas las iniciaciones religiosas son inmersiones en su profundidad. Empecé a sospechar del misterio de Buda en cuanto me entró miedo del silencio. La mudez cósmica te dice tantas cosas, que la cobardía te empuja a los brazos de este mundo. La religión es una revelación atenuada del silencio, una dulcificación de la lección del nihilismo que nos inspiran sus susurros, filtrados por nuestro miedo y nuestra prudencia... De esa forma, el silencio se sitúa en las antípodas de la vida.
 
El Mal, una vez abandonada su indiferencia originaria, tomó al Tiempo como seudónimo.
 
Siempre que paseo entre la niebla, me descubro mejor a mí mismo. El sol nos enajena, pues al mostrarnos el mundo nos liga a sus mentiras. Pero la niebla es el color de la amargura...
 
Un copo perdido a merced del aire es una imagen de vanidad más desgarradora y simbólica que un cadáver. Igualmente, un insólito perfume nos pone más tristes que un cementerio, o una indigestión nos vuelve más pensativos que un filósofo. ¿Y no es cierto que, más aún que las catedrales, nos vuelve más religiosos la mano de un mendigo que, en una gran ciudad en la cual nos hemos perdido, nos muestra el camino a seguir?
 
La infelicidad es el estado poético por excelencia.
 
Sólo podría amar a un sabio desgraciado en amores...
 
La vida es etérea y fúnebre como el suicidio de una mariposa.
 
La melancolía es el estado onírico del egoísmo.
 
Si el sol le negara al mundo su luz, el último día que alumbrase se parecería a la mueca burlona de un idiota.
 
 
El ocaso del pensamiento es el quinto y penúltimo libro de E.M. Cioran escrito en rumano. Y también su libro menos conocido.
 
Tras entregar a su editor en Bucarest el manuscrito de De lágrimas y de santos en 1937 Cioran se trasladó, antes de su publicación, a París con una beca del Instituto Francés de Bucarest, ignorando el escándalo que causaría en su país este libro que los críticos llegaron a tachar de «sacrílego». Tal vez por este motivo Cioran decidiera instalarse definitivamente en Francia. Sin embargo, la publicación en Rumania de El ocaso del pensamiento en 1940 parece confirmar la hipótesis de que Cioran se desplazó en más de una ocasión a su país durante la guerra. 
 
Debido tal vez a las circunstancias en que apareció, el libro pasó entonces desapercibido y de él nada más se supo hasta que el autor autorizara la versión francesa en 1991.

 

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